
La vieja ciudad se asienta en una gran peña
que domina el Duero y
es esa inmejorable situación la que hace suponerla
fundada en tiempos remotos. Parece ser en primer lugar que
fue asentamiento vacceo, y más tarde aparece citada
en el Itinerario de Antonino con el nombre de Ocellum Duri,
como una de las «mansio» que jalonaban la calzada
romana o Vía de la Plata, la cual cruzaría el
Duero por Zamora, casi con seguridad en el mismo emplazamiento
donde más tarde, en el siglo XII, se construyó
un puente del que aún son visibles algunos restos.
Con las invasiones germánicas, Zamora
pasa a ser territorio visigodo y es entonces cuando aparece
el nombre de Semure en dos monedas de Sisebuto (610_620) y
en las Actas del Concilio de Lugo (año 569). Más
tarde los musulmanes la llamarían Azemur, «olivar
silvestre» y Samurah «ciudad de las turquesas»,
aunque existen muchas opiniones al respecto, hasta que finalmente
aparece citada con el nombre actual en el Salmanticense «como
una de las plazas recobradas por Alfonso I a los moros».
La
Muy Noble y Muy Leal ciudad de Zamora,
así intitulada a perpetuidad por Enrique IV, se levanta
en la margen derecha del Duero, sobre las peñas de
Santa Marta, las famosas «peñas tajadas»,
que sirvieron para identificar sus límites y para cimentar
la primera de sus murallas, que se levantaron en el año
893. La ciudad fue tomada un siglo más tarde por Almanzor,
aunque pasó a los reinos cristianos años después.
«Zamora
la bien cercada» la llamó Fernando
I, quien la reconstruyó y repobló y se la legó
a su hija Doña Urraca.
La celebre frase: «No se ganó Zamora en una hora»,
que constituye aún hoy una referencia a la ciudad del
dominio popular, surgió cuando a ésta quiso
arrebatársela su hermano, Sancho II, sometiéndola
a un largo y penoso cerco que los zamoranos resistieron valerosamente.
El «Portillo de la Traición» todavía
recuerda la muerte del monarca ante los muros que sitiaba,
a manos de Bellido Dolfos, quien lo atravesó tras el
crimen.
Al
casco antiguo de Zamora, «Conjunto Histórico-Artístico»,
sus murallas y puertas: la de Zambranos o de Doña Urraca
y la de Olivares; junto a la casa del Cid, el castillo; las
iglesias románicas, los palacios renacentistas y sus
calles estrechas y empedradas, presididas por la extraordinaria
cúpula de la Catedral, le confieren un sobrecogedor
ambiente medieval.
La Zamora
de hoy conjuga el mantenimiento de su legado histórico,
con edificaciones mas modernas que reflejan los distintos
estilos y usos. Junto con las edificaciones residenciales
y la adaptación de calles y plazas, Zamora reúne
hoy factores que apuntan hacia la calidad de vida para los
residentes y acogida cordial a los visitantes.
www.ayto-zamora.org
FOTO1: Catedral de Zamora sobre las
Peñas de Santa Marta
FOTO2: Rosetón del templo románico de San Juan.
FOTO3: Cristo de las Injurias (Semana
Santa declarada de Interés Turístico Internacional)
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