| Justina
fue mujer de raro ingenio, feliz memoria, amorosa
y ruiseña, de buen cuerpo, talle y brío;
ojos zarcos, pelinegra, nariz aguileña
y color moreno. De conversación suave y
única en dar apodos, fue dada a leer los
libros de romance que había en el mesón
de su padre y que eran propiedad de un huésped
humanista que dejó allí los libros,
humanidad y pellejo. Si con brevedad quieres,
espectador, una descripción de quien es
Justina, oye lo que escribió a Guzmán
de Alfarache antes de celebrarse el casamiento. |
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